Hace ya casi 1 mes que decidí inscribirme al gimnasio. Estos últimos años comencé a conscientizarme de los costos – enfermedades – que conlleva vivir en el sedentarismo causado por la adicción a Internet y el llevar una vida social-cervecera; la sensación de engordar, de sentir desgano, el dolor en algunas extremidades, me hizo recordar el bienestar que sentía cuando echaba “cascarita” diario. Aproveché el que hay uno a una distancia muy corta de mi casa, lo que ayuda bastante en esos días de “hueva”, un amigo – y compañero de clases – me acompaña.

Desde el primer día me di cuenta de algo: la preferencia de los instructores por atender a las mujeres. El “instructor” al que preguntamos nos delegó a otro, como si fuéramos alguna especie de obrero-ignorante-subordinado en una fabrica, causantes de tedio por atendernos, dijo: “vayanse con mi compañero” y le chifló a un tipo que parece sacado de alguna coreografía del más barato y simplón vídeo de Caló, camisola ajustada, pants pegado, barba de candado y un paliacate en la cabeza, si… todo un Douchebag. Nos dio un par de instrucciones y siguió atendiendo a una atractiva jovenzuela. Cada que preguntábamos por el siguiente ejercicio parecía que debíamos acercarnos temerosos-casi-haciendo-reverencias, pues en su cara se veía la molestia de interrumpir su apareamiento. Eso nos hinchó las bolas al instante y después de 2 sesiones más, decidimos mandarlo a la “bernie” y seguir nuestra rutina sin su “ayuda”.

Ha sido divertido y desde entonces me he sentido mejor de salud, se siente el cambio casi a la semana de ir diario, se sienten esas sustancias que libera el cuerpo y te drogan naturalmente, relajándote después de una sesión intensa y un baño caliente. Se siente más energía después de descansar y piensas más claramente.

No puedo quejarme, me gusta ir, pero tiene su lado oscuro como todo. He notado que verte al espejo se convierte en un vicio, acto puro de narcisismo, en vez de una herramienta para observar tus movimientos y evitar ejecutar mal el ejercicio. No puedo asegurar que todos, pero la mayoría se miran durante el 90% del tiempo de su estancia, observando enajenados su imagen, como si fueran la persona más bella del mundo, se puede ver en sus rostros la satisfacción que obtienen al ver sus musculos. En menor medida las mujeres, de hecho van mujeres muy bellas.

Concluí que es muy fácil volverse un douchebag, solo hace falta verse sin parar al espejo, pavonearse por todos lados como si tuvieras los músculos de Lou Ferrigno, y repetir en cada frase, “YO”, comprarse ropa ajustada, lentes, hacer movimientos exagerados y presumir tus músculos a cada mujer y tipo flaco/gordo que encuentres en tu camino. Concluí que la intensidad del douchebag es inversamente proporcional a su autoestima, espiritualidad e inteligencia y probablemente tamaño del pene, aunque los musculos no son tan necesarios, también se puede ser un enclenque douchebag, que igual es mucho peor.

Si llegan a ir al gimnasio no dejen que las hormonas que segregan les hagan perder el piso, véanse al espejo lo necesario y apegados a su realidad, si ven algún wey mamado en la tele con cadenas, joyas, cortes de pelo extravagantes y 1 mujer en cada brazo, eviten esa imagen y claro, la humildad ante todo.

No vaya ser que acaben en hotchickswithdouchebags.com. Me surgió una pregunta, ¿se puede ser mujer douchebag? De rato freaks.